Pásalo

Extracto de la conferencia de Ricardo Vergés en la Universidad del País Vasco, el pasado 19 de Noviembre. Éstos son los medios con los que cuenta un economista de prestigio para hacer llegar mensajes incómodos para el poder económico español. Así pues, a quien considere interesante el contenido de la conferencia y crea que merezca la pena que más gente pueda acceder a esta información, sólo le diré una palabra: "Pásalo".


Si tienes rabo, a la hoguera

Nunca he sido demasiado afecto a las doctrinas eclesiásticas (más bien todo lo contrario), pero debo reconocer que, al menos, la Iglesia nos concedía la posibilidad de librarnos del pecado original mediante el bautismo, e incluso nos quedaba el recurso del limbo si decidíamos suicidarnos con la suficiente precocidad. Según las nuevas doctrinas feministas en auge, si uno nace con colita (seamos finos, que el título ya cubre el cupo de groserías), ni a eso tiene derecho, pues es poco menos que un delincuente en potencia, y sólo mediante alguna ignota redención adulta (ya nos explicarán cómo redimirse) podrá desposeerse del pecado original.


Pues bien, yo protesto. Y es que eso de poner al macarrilla pseudo-tierno de El Canto del Loco me parece demasiado ñoño. Si lo que se busca es categorizar con rotundidad, estigmatizar al matxo como se merece, propongo dejarse de medias tintas y de mensajes subliminales, e ir al grano:


Hala, ya pueden comenzar los gritos de "matxista" y las críticas por la caricaturización (que no es sino la explicitación del inequívoco y nada casual mensaje subliminal). Pues vale, pero a mí esta nueva Inquisición, como hombre, pero sobre todo, como persona, no me gusta nada. Me mola zero.


PD: "Entre un hombre y una mujer, maltrato cero". Por supuesto. Y entre una mujer y un hombre, entre un hombre y un hombre, y entre una mujer y una mujer, también.

El Alakrana y Miguel Ángel Blanco

El otro día se establecía en Geografía Subjetiva uno de esos paralelismos que a todos nos vienen a la cabeza cuando escuchamos noticias del Alakrana, y es el secuestro de Miguel Ángel Blanco. Se preguntaba, al respecto de la actitud de la oposición del PP, si la vara de medir es distinta cuando quien gobierna es el PSOE o el propio PP, siendo más que evidente la respuesta.

A mí me vienen a la cabeza otras dos preguntas, por lo preocupantes (e inciertas) que me parecen sus respuestas, acentuadas por la actitud que el propio Gobierno está tomando ante este secuestro:

- ¿Es legítimo que la consigna ante un chantaje o amenaza de ETA sea diferente a la consigna ante un chantaje o amenaza proveniente de cualquier otra organización? O dicho de otra manera, ¿es deseable que los principios de justicia o ecuanimidad estén subordinados a una estrategia de Estado que dirima ante qué o quién se puede ceder y ante qué o quién no?

- Si la no cesión ante el chantaje de ETA en 1997, que desembocó en la ejecución de Miguel Ángel Blanco, se aceptó como la decisión deseable, y sin embargo, ni se contempla remotamente una decisión que pueda llevar a tal consecuencia en el caso de los marineros del Alakrana, ¿no se está reconociendo, implícitamente, que "algo habría hecho" Miguel Ángel Blanco? ¿No se estará también cayendo en el error de confundir lo cualitativo con lo cuantitativo?

Y por supuesto, mi corazoncito quiere que los marineros vuelvan, cueste lo que cueste. Simplemente, he tenido un déja vu.

La universidad como salvoconducto

Son muchos los argumentos que hemos oído en los últimos tiempos en contra del proceso de Bolonia para la educación universitaria, como muchos son los colectivos que han abanderado dicha lucha, siendo especialmente notoria la oposición de los propios colegios profesionales de algunas de las titulaciones tradicionalmente más prestigiosas. Sin embargo, a poco que se rasque, nos encontramos con que la principal y única razón a esta oposición no es sino la famosa "degradación" de los títulos vigentes.


Puedo comprender el malestar que esto pueda provocar en quien haya invertido diez años en obtener un título equiparable por tres. Yo también he pasado también por una escuela de ingeniería, y conozco perfectamente la sensación de estafa que siente uno cuando le hacen perder el tiempo gratuitamente, cuando uno comprueba con impotencia que su tiempo está a merced de los caprichos de un funcionario plenipotenciario y ególatra, generalmente mediocre en su profesión.
Pero, no nos engañemos, estas protestas responden únicamente al aspecto estético de la cuestión, al título en sí mismo. Lo que parece molestar no es que la universidad española, especialmente en las titulaciones técnicas, esté diseñada por y para el catedrático de turno, en vez de para el alumno. Ni que se haya convertido en una vulgar expendeduría de títulos, donde se premia la memorización sistemática y el asentimiento acrítico, mientras se castiga la creatividad y el librepensamiento. Ni que en ella se forje un carácter opositor a funcionario, en vez de emprendedor. Ni que, en el sacrosanto nombre de la especialización, la cultura general sea repudiada. Ni tan siquiera el propio carácter endogámico de su funcionamiento interno y sus departamentos; posiblemente, porque si hay un ente más endogámico que un departamento universitario, es un colegio profesional. No, eso no es lo que molesta, porque es lo que había hasta ahora, y a ninguno de estos colectivos parecía molestarle. Y, por supuesto, lo que molesta tampoco es que el proceso de Bolonia no pretenda corregir estos graves desajustes, ni tan siquiera que profundice aún más en la profanación de objetivo fundacional de la institución universitaria, que no era otro que la formación de la élite intelectual de un país (quien conozca una escuela de ingeniería actual, que es lo que yo conozco, sabe que no es sino una fábrica que escupe jóvenes envejecidos en diez años y con incipiente alopecia al mercado laboral, sin prácticamente más habilidad específica que la de ser capaz de tragarse cualquier cosa). No. Lo que molesta es que el titulito de marras ya no luce tanto. La puñetera titulitis de toda la vida.

Pues no. Me niego a dar mi apoyo a estas campañas. Y ello no implica conformidad alguna con el proceso de Bolonia, que sigue sin convencerme. Pero la actitud proteccionista de quienes pretenden hacer de sus títulos una prolongación del funcionariado, un salvoconducto que les blinde de la competencia del resto, una patente de corso para apoltronarse a disfrutar de la dolce vita sin demasiadas complicaciones, me parece repugnante. Una sociedad con privilegios para algunos ciudadanos, independientemente del esfuerzo "invertido", no puede avanzar nunca.

Me temo que mientras no interioricemos todos que el paso por la universidad no debería ser sino una herramienta para adquirir conocimientos útiles que permitan enfrentarse al mundo real con más y mejores armas, pero no un salvoconducto de ningún tipo, difícilmente seremos productivos algún día, y seguiremos condenados al "hazte funcionario", al "colócate en una buena empresa", y a soñar con dar el pelotazo algún día.

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"¡Sonríe, Yolanda, que ya se acabó la competencia!"







"Alquilar es tirar el dinero"

Es uno de los mantras, junto al "nunca tendrás nada tuyo" o "siempre podrás vender y sacar beneficio" en los cuales se ha sustentado la burbuja inmobiliaria, y todos lo hemos escuchado en alguna ocasión, especialmente aquellos que nos hemos inclinado por el inquilinato, oponiéndonos con ello a padres, abuelos, compañeros de trabajo, amigos, poderes fácticos y fuerzas intergalácticas varias, que propugnaban (y muchos de ellos aún se niegan a dejar de propugnar) el Pisito como "inversión".


No voy a entretenerme en la aportación de datos de las tasas de alquiler en estados de bienestar como Alemania o Suecia, pues ese argumento ha estado ahí siempre, y se ha despreciado repetidamente, ya que, como todos sabemos (y si alguien lo pone en duda, no sale en la foto), "como en España no se vive en ninguna parte". No hay más que ver las ufanas sonrisas con las que tantos y tantos "europeos del norte" lucen sus pieles de cangrejo y sus calcetines hasta las rodillas en los paseos marítimos de Mallorca o Lloret de Mar. Por cierto, que los que se van a Turquía, Croacia o Bulgaria son unos muertos de hambre. Y tampoco salen en la foto.
Tampoco voy a hacer una defensa apasionada del alquiler frente a la propiedad, así, de modo genérico, porque, en todo caso, se trata de una decisión que habrá que tomar atendiendo a condicionantes coyunturales. Coyuntura que, en España, desde aproximadamente el año 2000 hasta la fecha de hoy, implicaba e implica que comprar no sea la opción racional, por más que la legislación (heredera de la Ley Boyer de cuasi-criminalización del inquilino), el bombardeo mediático desde todos los frentes, el crédito fácil con intereses reales negativos (menores a la inflación) y la propia mentalidad tardofranquista enquistada en la sociedad invitaran a pensar lo contrario. Eso sí, reconozco que jode comprar un Björklund, un Sølengard, un Kiräväs, o cualquier otro de esos sofás de moda para que luego se lo quede la cabrona de la casera.

Sin embargo, en la mencionada coyuntura, yo voy a defender el alquiler como inversión, incluso en el caso de que su coste alcanzara al de una letra hipotecaria por el mismo inmueble (que no es el caso).
Cabría hacer dos consideraciones semánticas previas. La primera, en relación al concepto de alquiler. Y es que el alquiler no es la contraposición exacta a la propiedad, por cuanto el alquiler no proporciona un bien físico, sino un servicio. La segunda, en relación al concepto de propiedad. Y es que la propiedad del piso hipotecado es del banco hasta que se satisface el total de la deuda. Por lo tanto, podríamos perfectamente referirnos a una hipoteca como "alquiler de dinero", que es exactamente lo que es.
Así pues, ¿cómo justificar el carácter de inversión de la obtención de un servicio como es el alquiler de un inmueble frente al alquiler del dinero con el cual comprarlo? Yo lo tengo muy claro: en intangibles. Concretamente, en flexibilidad, tranquilidad y endeudabilidad.

Basta con ver cómo muchos de los que ayer presumían de triunfadores se ven hoy en una situación delicada para darse cuenta de que vivimos en una realidad socioeconómica cambiante. La realidad que nos encontramos quienes hoy nos incorporamos al mercado laboral no se parece en nada a la que se encontraron nuestros padres, y posiblemente, tampoco a la que se encontrarán nuestros hijos. Don Pablo ya no proporciona un "trabajo para toda la vida", porque ese modelo ya no es competitivo, y de nuestra competitividad depende el frágil estado de bienestar que tenemos. La competitividad, en los tiempos que corren, y nos guste o no, va de la mano de la flexibilidad, laboral, pero también geográfica. Una hipoteca a 30, 40 o hasta 50 años (que, como las meigas, habelas haylas) es una apuesta irreversible a muy largo plazo, que ignora la evolución (o involución) que pueda sufrir nuestra sociedad. Y desde luego, la flexibilidad también es al alza. ¿Que atraviesas una buena racha y quieres dar un salto cualitativo? Tienes miles de chalets deseando ser alquilados. Por lo tanto, alquilar es invertir en flexibilidad.

Otro valor intrínseco, y éste cae por su propio peso, es la inversión en tranquilidad. Cuando alquilas, no hay soga al cuello, o cuando menos, te permite respirar con mayor soltura. No corres ningún peligro que no corras hipotecándote, y en cambio, te ahorras muchos. ¿Que ahora hay dificultades económicas? Se busca algo más barato. La tranquilidad significa salud, y por qué no, un cierto ahorro económico en futuros tratamientos capilares.

Por último, y creo que éste es el punto más importante de todos, considero que alquilar es invertir en endeudabilidad. Y alguno se preguntará, ¿cómo se come eso, cuando este tío está defendiendo la ausencia de deudas como filosofía vital? Pues no hace falta demasiado aliño: nuestro sistema monetario se basa en la deuda. El dinero es deuda. Eso significa que, cuanto mayor sea nuestra endeudabilidad, esto es, nuestra capacidad de endeudarnos en un futuro, mayor capacidad tenemos para generar dinero en el sistema. Por lo tanto, mayor valor intrínseco tenemos en un sistema que tenderá a mimarnos. Aunque luego no contraigamos ninguna deuda, somos potenciales deudores, y eso se cotiza. Una vez contraída la deuda y atada la cadena y la bola al tobillo, una persona pasa a valer lo mismo que un mojón, tan solo tiene obligaciones. Y no sé a vosotros, pero este último no es un escenario que me motive especialmente...

Ahora, también en NeoProgs


Cada vez que se acuña un nuevo vocablo, y especialmente cuando éste se refiere a una corriente ideológica, se produce una cierta controversia sobre su correcta definición. Neoprogs.com nació hace ya un tiempo, como su propio nombre indica, como una corriente progresista con ciertas particularidades, entre las cuales destaca un extremado escepticismo que obliga a mirar el mundo más allá de las narices y más acá del siglo XX.
Entre sus objetivos, los Neoprogs aspiran a dejar patente esta concepción de la política real, más que a ser un think tank muy influyente. Aunque yo me pregunto: ¿y por qué no?

Así pues, aprovecho la ocasión para informar a mis estimados lectores de que, desde esta semana, este humilde blog, que se identifica plenamente con las premisas antes mencionadas, pasa a formar parte de esa corriente neoprogresista, donde podréis encontrarme junto a otros compañeros a quienes os recomiendo leer encarecidamente, y que no mencionaré porque, qué diablos, estáis a sólo un click de descubrirlos:



¿De qué coño va El Correo?

Que El Correo es un medio oficialista, ladrillófilo, negacionista de la burbuja inmobiliaria y, por ende, del origen inmobiliario de la crisis económica actual, es algo que todos sabíamos. Pero, joder, una cosa es una cosa, y otra cosa es que le tomen a uno por idiota:



Con perlitas como las siguientes:
  • "La vivienda modelo a la que se aspira tiene un precio de unos 3.400 euros por metro cuadrado".
  • "Los habitantes de los tres territorios vascos buscan inmuebles con un precio superior a los 345.000 euros" (por cierto, 120.000 más que el cuatrimestre pasado, lo cual da buena idea de la magnitud de la muestra estadística).
Que sí, que ya sabemos que Iñaki no puede nadar de espaldas bajo el puente colgante y que Patxi paga la siguiente ronda de Ferraris, pero caramba, que esto no es un chiste de bilbaínos. Sólo ha faltado añadir que vayan dándose prisa los vendedores, que el año que viene no estaremos dispuestos a comprar zulo por menos de 500.000. Propina aparte, por supuesto.

Ignoro si El Correo ficha a estos juntaletras (al menos han tenido el detalle de no mencionar su nombre) en las tascas del barrio o directamente en SIMA, pero no deja de ser desolador que basura periodística carente del más mínimo rigor sea la que, en el sacrosanto nombre de la información, se nos intente meter con calzador. Y lo jodido es que hay quien se lo cree.

En fin, menos mal que cada día queda menos para la catarsis inmobiliaria... ¿pediremos algún día responsabilidades a los medios de intoxicación?

La muela del juicio

Acabo de volver de viaje y me duele la muela del juicio, que como sin duda sabréis, son dos de los factores más propicios para hacerse a uno mismo preguntas trascendentales. Y aprovechando que este fin de semana ha habido en Madrid una de esas manifestaciones "en defensa de la vida" de "más de un millón de asistentes" -que, como sabemos, una manifestación en España no es tal si no llega al millón de asistentes-, me ha dado por pensar en lo absurdos que son algunos de los esquemas mentales que hemos interiorizado.


Resulta que, desde que ser "de izquierdas" es sinónimo de ser progre, todo ciudadano "de izquierdas" que se precie debe defender el aborto libre o la anticoncepción (opciones radicales), mientras que el ciudadano "de derechas" debe defender la abstinencia sexual (opción conservadora). Vale. Del mismo modo, todo buen ciudadano "de izquierdas" debe defender la eutanasia (opción radical), mientras que el buen ciudadano "de derechas" debe inclinarse por los cuidados paliativos.

Es por ello que me pregunto: ¿cómo demonios se come que cuando uno defiende la opción radical de romper de raíz con el sistema económico vigente en busca de un sistema más justo, sea tachado de "radikal antisistema" por esos mismos ciudadanos "de izquierdas", reconvertidos en unos suavones pragmáticos que predican la "refundación del capitalismo" (opción conservadora) y la universalización de la limosna y la caridad (opción paliativa)?

En fin, voy a tomarme una pastilla de ibuprofeno, que es mi opción paliativa particular... porque la opción radical de arrancarme la muela con unos alicates, de momento, no la contemplo... ¡si es que soy un carca!

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Ahí, ahí está la muy cabrona...

Vente a Alemania, Pepe

Estoy enganchado a "Españoles en el mundo". Bueno, tal vez no sea enganchado el término más correcto, toda vez que aún no me ha dado por babear al verlo, pero lo cierto es que es uno de esos pocos programas que consiguen captar mi atención. Sin embargo, lo verdaderamente interesante de este tipo de espacios es el carácter, digamos, poco casual de su emisión.


Hace aproximadamente un año y medio, Cuatro nos sorprendía con "Ajuste de cuentas", un programa de andar por casa donde ciudadanos adictos al crédito recibían su dosis de metadona (nada de tratamientos de choque, no vayan a pensar), aunque dudo que ninguno de ellos consiguiera desintoxicarse con los consejos allí recibidos. En todo caso, aquel programa certificó el impasse del modelo de crecimiento español, y supuso la oficialización de facto de la realidad que se avecinaba, y de la que gran parte de la población no era consciente, o se negaba a aceptar. "Ajuste de cuentas" fue el primer golpe de realidad en forma de show televisivo en horario de prime time.
Más recientemente, Cuatro se ha lanzado con la "Reforma Sorpresa", que una vez certificada la defunción de El Pisito, viene a ser como una palmadita en el hombro de los adictos al Ikea y las revistas de decoración, un tanto alicaídos últimamente. Supongo que los fontaneros, albañiles y demás gremios esperarán como agua de mayo la oleada de reformas que se avecina (je)...

¿Cuál es, pues, la intencionalidad de "Españoles en el mundo"? ¿Está claro, no? Vayamos preparando las maletas y los petates, pero no para ir a Punta Cana, señores. El primer paso es convertir en atractiva la opción de emigrar. Y es ése el cometido de este programa. Que vayamos interiorizándolo, e incluso, que dejemos de verlo con malos ojos, que el jamonsito y las cañitas dejen de nublarnos la vista. Que esto ya no es como cuando los bisabuelos se iban a Suiza o Argentina, que esto mola, que expande la mente y tal...

Personalmente, emigrar al extranjero es una opción que llevo barajando seriamente desde hace años, y que veo con muy buenos ojos. Ya hace tiempo que asumí que aquí no hay ningún futuro, que el lastre de la mentalidad de El Pisito, el pelotazo y la eterna adolescencia es muy difícil de eliminar del subconsciente de la mayoría de la gente (doy fe de que llevo mucho tiempo intentándolo), y que con ese lastre es imposible llegar a ningún puerto (ya estoy harto de darme cabezazos contra las paredes). Pero juro que desde que veo cómo intentan manipularnos para emigrar, siento unas terribles ganas (espero que pasajeras) de plantarme, y que les jodan a quienes pretenden que quienes no hemos participado en el guateque seamos ahora quienes paguemos el chiringuito con remesas vía locutorio...

De la responsabilidad y las vísceras

"Una familia sobreendeudada, de las muchas que hay en Bilbao, tuvo que hacer frente al pago de la hipoteca y a los necesarios de alimentación y vestido de los tres hijos. No tuvo 96 euros para pagar el recibo de la luz y no entraba en la tipología de las familias con derecho a las ayudas sociales. Les cortaron la luz."


Así es como comienza el último artículo de Txema Oleaga en su blog.

Me parece muy bien poner el dedo en la llaga del sobreendeudamiento (a buenas horas...), pero ese tono sentimentaloide despierta el tigre que hay en mí.

Les cortaron la luz, como ha de ser. ¿O acaso se creían que les iban a condonar la deuda por su cara bonita? A mí no me dan ninguna pena, nadie les puso una pistola en la cabeza para que se hipotecaran por El Pisito. Y, para colmo, con su actitud irresponsable, fomentaron el hinchado de la burbuja inmobiliaria, en colaboración con entidades financieras y autoridades políticas, por lo que se tienen bien merecida la purga (pronto les tocará a los otros dos colectivos corresponsables).

Y no me vale utilizar a los hijos como coartada, que lo hacen todos. "Yo es que quería darles a mis hijos lo mejor", "pusimos a la venta la casa para comprarnos otra más grande, porque la de 90 m2 se nos quedaba pequeña cuando nació Alba". Si no son capaces de responsabilizarse de sus actos económicos, tampoco son capaces de responsabilizarse de la educación de sus hijos. Hay instituciones de acogida que pueden hacerlo mucho mejor. Que los den en adopción, y en el fondo, les harán un favor a sus hijos.