Son muchos los argumentos que hemos oído en los últimos tiempos en contra del proceso de Bolonia para la educación universitaria, como muchos son los colectivos que han abanderado dicha lucha, siendo especialmente notoria la oposición de los propios colegios profesionales de algunas de las titulaciones tradicionalmente más prestigiosas. Sin embargo, a poco que se rasque, nos encontramos con que la principal y única razón a esta oposición no es sino la famosa "degradación" de los títulos vigentes.
Puedo comprender el malestar que esto pueda provocar en quien haya invertido diez años en obtener un título equiparable por tres. Yo también he pasado también por una escuela de ingeniería, y conozco perfectamente la sensación de estafa que siente uno cuando le hacen perder el tiempo gratuitamente, cuando uno comprueba con impotencia que su tiempo está a merced de los caprichos de un funcionario plenipotenciario y ególatra, generalmente mediocre en su profesión.
Pero, no nos engañemos, estas protestas responden únicamente al aspecto estético de la cuestión, al título en sí mismo. Lo que parece molestar no es que la universidad española, especialmente en las titulaciones técnicas, esté diseñada por y para el catedrático de turno, en vez de para el alumno. Ni que se haya convertido en una vulgar expendeduría de títulos, donde se premia la memorización sistemática y el asentimiento acrítico, mientras se castiga la creatividad y el librepensamiento. Ni que en ella se forje un carácter opositor a funcionario, en vez de emprendedor. Ni que, en el sacrosanto nombre de la especialización, la cultura general sea repudiada. Ni tan siquiera el propio carácter endogámico de su funcionamiento interno y sus departamentos; posiblemente, porque si hay un ente más endogámico que un departamento universitario, es un colegio profesional. No, eso no es lo que molesta, porque es lo que había hasta ahora, y a ninguno de estos colectivos parecía molestarle. Y, por supuesto, lo que molesta tampoco es que el proceso de Bolonia no pretenda corregir estos graves desajustes, ni tan siquiera que profundice aún más en la profanación de objetivo fundacional de la institución universitaria, que no era otro que la formación de la élite intelectual de un país (quien conozca una escuela de ingeniería actual, que es lo que yo conozco, sabe que no es sino una fábrica que escupe jóvenes envejecidos en diez años y con incipiente alopecia al mercado laboral, sin prácticamente más habilidad específica que la de ser capaz de tragarse cualquier cosa). No. Lo que molesta es que el titulito de marras ya no luce tanto. La puñetera titulitis de toda la vida.
Pues no. Me niego a dar mi apoyo a estas campañas. Y ello no implica conformidad alguna con el proceso de Bolonia, que sigue sin convencerme. Pero la actitud proteccionista de quienes pretenden hacer de sus títulos una prolongación del funcionariado, un salvoconducto que les blinde de la competencia del resto, una patente de corso para apoltronarse a disfrutar de la dolce vita sin demasiadas complicaciones, me parece repugnante. Una sociedad con privilegios para algunos ciudadanos, independientemente del esfuerzo "invertido", no puede avanzar nunca.
Me temo que mientras no interioricemos todos que el paso por la universidad no debería ser sino una herramienta para adquirir conocimientos útiles que permitan enfrentarse al mundo real con más y mejores armas, pero no un salvoconducto de ningún tipo, difícilmente seremos productivos algún día, y seguiremos condenados al "hazte funcionario", al "colócate en una buena empresa", y a soñar con dar el pelotazo algún día.
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"¡Sonríe, Yolanda, que ya se acabó la competencia!"




8 Responses to "La universidad como salvoconducto"
4 de noviembre de 2009 23:50
¿Estudiamos o aprendemos?
8 de noviembre de 2009 5:01
¿Acaso crees que los títulos 'viejos', sin 'degradar, eran "salvoconductos que blindan de la competencia del resto"?
8 de noviembre de 2009 6:22
¿Dónde he dicho yo creer tal cosa? Simplemente me he hecho eco de lo que mucha gente cree que significa un título universitario. Gente que protesta porque cree que el "nuevo" título tal vez no sea tan exclusivo, tan proteccionista con sus derechos presuntamente adquiridos, "tan" salvoconducto, en definitiva.
Yo he expresado claramente en el último párrafo, en negrita, lo que creo que debería significar una carrera universitaria. Que, desgraciadamente, está a años luz de la realidad.
8 de noviembre de 2009 11:17
Ok, Santamaría, lo admito, mi forma de leer tu entrada ha sido un poco retorcida. En todo caso tengo mis dudas sobre que ese sea el fundamento de las protestas. Hay casos en los que tu tesis no se justifica: una licenciatura de 4 años va a pasar a ser un grado de 4, por ejemplo, lo que no comporta degradación alguna ni alteración alguna de la duración de la carrera. Y hay críticas también por parte de esos estudiantes.
Yo no comparto las que se hacen, porque no estoy nada de acuerdo con ese sector de estudiantes conservadores de izquierdas que consideran que cualquier cambio que se introduzca en la universidad es igual a mercantilización y no sé qué cosas más.
Estoy de acuerdo en sí con la idea de adaptar los títulos a Europa, y creo que ahí no hay discrepancias. Pero estoy tan de acuerdo con esa idea que creo que lo normal habría sido no hacernos de nuevo los listos y fijar la duración de los grados en tres años para adaptarnos así al esquema europeo: 3+2. O sea, como en todos lados.
8 de noviembre de 2009 11:47
Fíjate, Arrue, en que la mayoría de enlaces que pongo se refieren a los propios colegios profesionales, entes endogámicos y elitistas por excelencia, y no tanto a los colectivos estudiantiles. Evidentemente, no todos los colectivos "protestan" por lo mismo. Y no, claro que nadie protesta por la equiparación con Europa, que creo que es, de modo meridianamente claro, uno de sus aspectos positivos. Tampoco tengo claro que haya muchos más, al menos, en lo que a su implantación en la universidad española se refiere.
9 de noviembre de 2009 9:24
Respecto al debate, que no al fondo de la entrada, que me queda ya un poco lejos, cuando empecé la uni tuve un profesor que ya nos avisó de Bolonia (bueno, del CAMBIO) y de esto hace muchos años, muchos ... ;-)
Fue bastante claro, nos dijo que éramos animales en peligro de extinción, porque estábamos estudiando un modelo obsoleto y arcaico fuera de Europa.
Hoy en día es buen amigo mío y lo único y ahora cree que en los últimos diez años ha habido cuatro cambios de planes de estudios que en vez de haber ido preparando Bolonia, han ido jodiendo lo poco bueno que había en los planes antiguos de estudios.
Y coindido contigo G, el título no te da privilegios ni sabiduría ni ..., bueno, con lo duro que es, no te sirve ni para limpiarte el cucu.
Respecto a los colegios profesionales ..., en fin, el mío tiene unas ofertas cojonudas de vino en navidades, un txoko que sólo utilizan los "pata negra", unos viajes de 20 días a todo tren por una pasta gansa y NADA MAS. Si tienes algún problema profesional ...
Y creo que no les importa Bolonia, si a mi me pilla lejos, a los que dirigen el cotarro ni os cuento.
Salu2
10 de noviembre de 2009 6:33
Tutto,
Recientemente, y ya desde un plano profesional, también tuve oportunidad de charlar con un profesor mío en la universidad, y el tío asumía el mamoneo existente con la mayor naturalidad (no en vano, él es de los que disfruta especialmente con tales prácticas). Me hablaba de los de la 3ª promoción de ingeniería (al tratarse de una especialidad relativamente nueva, con los primeros titulados en torno al año 90) como "la promoción de los empresarios". Le tiré un poco de la lengua, y lo explico muy claramente: "Los de la primera y segunda promoción se colocaron todos en la administración y las grandes empresas del sector; ahora, el que menos, es jefe de algo. Los de la tercera, como ya no podían colocarse, montaron las empresas y comenzaron a trabajar para los de la primera y segunda promoción".
Por supuesto, él no estaba al tanto de todo esto por casualidad, y huelga decir cuál era su opinión con respecto al papel que nos toca desempeñar a los pringados que venimos por detrás...
10 de noviembre de 2009 9:23
G,
En la universidad, hay de todo, como en botica, pero precisamente en ingeniería, hay mucho "pata negra", me explico, fracasados en el campo de la empresa o incapaces de trabajar en una empresa o por último, los que la docencia es una concesión suya a los pobres alumnos una especie de limosna. Pocos hay de los que consideran la docencia una vocación.
Por lo que, lo que me cuentas, no me sorprende, la mayoría de los que he nombrado son defensores de nuestra carrera hace líderes, aunque lideren la cola del paro ...
Salu2
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